Arte y arquitectura
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Descubre el género de los «caprichos», esas fantasías arquitectónicas apreciadas por su efecto decorativo y su singular inspiración
Estos dos caprichos o capricci son fantasías arquitectónicas que mezclan ruinas arqueológicas y arquitectura en combinaciones imaginarias, animadas por figuras, en un estilo pintoresco o elegíaco (all’elegìaco). El «capricho» o«veduta ideata» de la pintura veneciana de entre finales delsiglo XVII y principios delXVIII se convierte en un auténtico género.
Este género es heredero de los frescos arquitectónicos pintados en los palacios del sigloXVI, en particular las decoraciones de techo conocidas como «quadrattura», un género pictórico barroco destinado a simular relieves arquitectónicos en las bóvedas planas de las iglesias. En un sentido más amplio, y tal y como destaca el historiador de arte italiano Giorgio Vasari (1511-1574), el término capriccio hace referencia a los rasgos enigmáticos que dan testimonio de la originalidad de un pintor, de su propio imaginario pictórico (un suo capriccio). Así, al hablar de Filippino Lippi, presta especial atención a los «extraños caprichos que expresa en sus pinturas». Este gusto por lo singular se extiende también a la música, tal y como lo teorizó el compositor alemán Michael Schultze (Praetorius) en 1608, quien define el capricho musical como «una especie de fantasía improvisada, en la que se pasa de un tema a otro».
Estos dos aspectos combinados —a saber, el gusto por el potente efecto decorativo de los elementos arquitectónicos y el de una visión personal del paisaje— animan a los pintores de caballete del sigloXVII a ofrecer este tipo de vistas a los aficionados. Así, la pintura de paisajes en perspectiva con ruinas y ríos de finales del siglo XVII se renueva a principios del siglo XVIII con el elegante e imaginativo estilo rococó, cuyo efecto decorativo se inspira claramente en el teatro, y del que Pietro Paltronieri es un protagonista destacado.
Con Pietro Paltronieri, activo principalmente en Roma y Bolonia, pero también en Viena, el «capriccio» debe su singularidad a la rápida ejecución de las figuras, ofreciendo obras que permiten contemplar el propio acto pictórico, en una paleta cromática simplificada, que juega con el rosa, el azul y el amarillo. Las obras expuestas en el Hôtel de la Marine pueden compararse con varias composiciones similares de Paltronieri, quien pintaba principalmente lienzos de gran formato para adornar las salas de los palacios de Bolonia, como las realizadas hacia 1718-1722 en el Palacio Caprara o las destinadas al Palacio Rojo de Génova. El artista también goza de gran popularidad entre los aficionados que han pasado una temporada en Italia y que, a su regreso, le encargan obras para adornar sus residencias, como Sir Thomas Anson para Shugborough Hall, en el Reino Unido.
© Hervé Lewandowski / CMN
© Hervé Lewandowski / CMN
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