Arte y arquitectura

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Orfeo en los infiernos, de Charles Boulanger de Boisfrémont

Descubre a un Orfeo neoclásico, un amante trágico.

Presentación de la obra

Charles Boulanger de Boisfrémont (1773-1838), «Orfeo en los infiernos», 1808. Óleo sobre lienzo, 361 x 559 cm. Castillo de

© David Bordes / CMN

El interés que suscitó el mito de Orfeo se mantuvo constante desde el sigloXVI hastael XIX. Aquí se evoca al amante trágico, y no al héroe de la Antigüedad que participó en la conquista del vellocino de oro, ni tampoco al poeta divino, como será frecuente en la generación de los pintores románticos.

Orfeo desciende a los infiernos en busca de su esposa, la ninfa Eurídice, mordida por una serpiente el día de su boda. Gracias al poder de su canto, consigue que las deidades del inframundo le permitan acceder al mundo de los muertos, pero sobre todo que le permitan regresar con Eurídice. Esta catabasis es un fracaso, ya que Orfeo desobedece las órdenes al volverse para ver a Eurídice y, de este modo, la pierde por segunda vez.

El tema se trata aquí según los códigos de la pintura neoclásica: el dibujo es nítido, las líneas se acentúan con las sombras, las poses están congeladas al estilo de los bajorrelieves antiguos, las carnes de porcelana idealizan los músculos... La composición piramidal apenas se ve animada por una sucesión de pliegues en los ropajes. Lo solemne predomina en este cuadro, que se abre a un alto pasillo rojizo que conduce al Infierno, detrás de las tres Parcas.

Las imponentes dimensiones de este cuadro lo hicieron destacar en el Salón de 1808, donde se expuso en pleno apogeo de la estética neoclásica. Fue precisamente en ese Salón cuando Jacques-Louis David, pintor neoclásico por excelencia, fue nombrado oficial de la Legión de Honor. El cuadro de Charles Boulanger de Boisfrémont también llamó la atención del Emperador, quien lo premió con una medalla de oro. Charles Landon, famoso crítico del Salón, se mostró entusiasmado ante su figura de Orfeo « solo, sumido en la desesperación, suplicante, inseguro de su destino» y por el hecho de que el pintor «de alguna manera, rodeado de las llamas del trono de Plutón, los brillantes reflejos que utiliza aportan al efecto general mucho esplendor y armonía».

Boulanger de Boisfremont se formó primero en Ruan y luego en Italia durante la agitada época revolucionaria que le empujó al exilio.  A su regreso a París, entabló amistad con Pierre-Paul Prud’hon, un artista que se mantenía al margen de la abrumadora influencia de Jacques-Louis David y que influyó enormemente en su estilo, como demuestra *La Justicia y la Venganza divina persiguiendo al crimen*, un cuadro de Prud’hon que también se expuso en el Salón de 1808. Ambos artistas comparten el arte de la alegoría, a la vez poética y poderosa, pero que resulta fría y sin vida debido a su excesiva idealización.

Quien renueva profundamente la visión de la Antigüedad también expone en el Salón de 1808: se trata de un alumno de David, Anne-Louis Girodet De Roussy-Trioson. Su lienzo, igualmente monumental , *Los funerales de Atala*, está impregnado de la fuerza marmórea tan apreciada por el neoclasicismo, pero prefigura los inicios del romanticismo, con un héroe animado por la pasión, mechones de pelo sueltos y una musculatura naturalista y poderosa.

A partir del Salón de 1808, los encargos se multiplican y el pintor se gana una clientela fiel que aprecia sus escenas mitológicas. Dado que el gusto de la mariscal Lannes por las obras de Prud’hon es indudable —puesto que posee varias de ellas en el castillo de Maisons—, cabe suponer que fue por esta vía como el cuadro llegó al castillo.

La obra al detalle

Para profundizar

Clément Eugene Hellis, «Nota histórica y crítica sobre el Sr. Boulanger de Boisfremont, pintor histórico y miembro de la Academia de Ruán», Ruán , Imprenta de Émile Periaux, 1838.

Autora de la reseña

Morwena Joly-Parvex

conservadora del patrimonio

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